Una turista suiza viajó a África y dejó atrás toda su vida —incluida su relación— para casarse con un guerrero samburu.
Corinne Hofmann tenía 26 años, un negocio de moda en Suiza y una rutina estable. Pero durante unas vacaciones en Kenia vio a Lketinga, un guerrero samburu, y sintió un impacto inmediato. El flechazo fue tan intenso que canceló su vuelo de regreso, dejó que su novio volviera solo y decidió quedarse para seguir a ese hombre que la había sorprendido por completo.
Lketinga la llevó a la zona donde vivía su comunidad, una región remota del norte de Kenia donde todo funcionaba bajo costumbres muy marcadas. Corinne tuvo que adaptarse a tradiciones estrictas, a un rol femenino muy limitado y a un modo de vida exigente que la obligó a aprender desde cero. En ese periodo enfrentó malaria, hepatitis y varios problemas de salud, pero aun así volvió momentáneamente a Suiza solo para cerrar su tienda y regresó a África decidida a continuar.
Con el tiempo nació su hija, Napirai, quien vivió junto a ella esos años complicados. Sin embargo, las diferencias culturales y la tensión dentro de la relación terminaron por romper la convivencia. Corinne tomó la decisión de volver definitivamente a Europa con su hija, donde ambas pudieron empezar de nuevo.
Años después, relató toda la experiencia en su libro La Masái Blanca.

